FOMENTEMOS LAS RELACIONES FAMILIA – ESCUELA

  “El saber no es único, los investigadores, los maestros son poseedores de “saber” pero también los padres poseen un “saber” ligado a la cotidianidad. Los expertos ponen a disposición de los padres su “saber” sobre las necesidades y características evolutivas de los/las niños/as, de lo que se trata es de poder contrastar las diferentes percepciones y concepciones que sobre los/las niños/as tienen unos y otros”.

 

J.P. POURTOIS.

 

            Como profesor de Educación Infantil siempre he sentido la necesidad e interés de profundizar y experimentar, desde la práctica docente, sobre la participación de las madres y padres en la vida escolar; tanto en el centro como en el aula. Tal vez sea por la complejidad del tema y por la reflexión permanente que conlleva.

            Los proyectos curriculares de Educación Infantil consideran como un principio básico la participación de las/los madres/padres. De hecho, el mismo currículum oficial se refiere a esta como esencial para el buen funcionamiento de la Etapa.

            Hay que ser consciente de que no resulta nada sencillo cambiar el distanciamiento que durante años ha marcado las relaciones entre maestras/os y madres/padres y que ha dificultado, en gran medida, el diálogo y la colaboración.

            Pero, ¿qué sentido tiene una escuela alejada del contexto familiar?.

            La familia y la escuela deben de conocerse y así aumentar la confianza entre ellas y apoyarse mutuamente. Deben sumar esfuerzos y no generar enfrentamientos. Es más, en la relación con las familias nunca debemos reproducir estereotipos de despotismo profesional que lo único que consigue es que las/los madres/padres se sientan ignorantes y no aptos para opinar, encerrándose en sí mismos y transmitiéndoselo a sus hijas/os, que en definitiva son nuestros/as alumnos/as. No hay que olvidar que nuestra relación con las/los madres/padres afecta al grupo clase y al centro. Se trata de encontrar el rol y las responsabilidades de cada uno. De transformar la escuela en un lugar para la cooperación.

            ¿Pero qué estrategias podemos diseñar para dinamizar la relación?.

            Los caminos y las estrategias serán diferentes según el profesorado, padres-madres y alumnado que configuren cada escuela – aula.

            En primer lugar, conviene que reflexionemos sobre los diferentes tipos de familias que existen en la actualidad, su estructura y funciones de sus miembros y a cual pertenecen nuestros/as alumnos/as: divorciados, familias monoparentales, familias dependientes de las pensiones de los/as abuelos/as, familias de acogida, familias tradicionales, inmigrantes, familias liberales, etc. No podemos olvidar la diversificación de casuísticas familiares que se ha producido en los últimos años, las necesidades laborales y las dificultades económicas de muchas de ellas que les obligan a tener largas jornadas de trabajo que imposibilitan la participación.

            Esta primera reflexión es muy importante, ya que según el tipo de familia a la que pertenezcan nuestros/as alumnos/as, las/los madres/padres mostrarán ideas muy diferentes de cómo son las/los niñas/os y cómo hay que educarlos.

            Debemos ponernos de acuerdo tanto madres/padres como maestras/os en este aspecto, ya que las consecuencias ligadas a los desacuerdos generarán insatisfacción mutua y nuestros/as alumnos/as pueden recibir presiones contradictorias en el ámbito de la familia y en la escuela que les generará confusión.

            Una vez tengamos aclarado el punto anterior debemos de establecer los criterios para una buena comunicación entre padres/madres y maestros/as.

            ¿Las familias entienden las circulares, informes y todo aquello que les comunicamos por escrito?.

            La realidad es que muchas veces no. Los/as profesionales de la enseñanza debemos adaptarnos a la realidad y al nivel sociocultural de las familias. Tendremos que cuidar el lenguaje y destacar las palabras claves. También podemos trabajar con nuestro alumnado dicha circular, nota, etc., para que posteriormente se lo expliquen a sus padres/madres o incluso que la escriban ellos/as. Siempre denota más interés para los padres leer algo realizado por sus propios/as hijos/as que algo impreso.

            Otra vía de comunicación  con las familias son las reuniones que realizamos a lo largo del curso escolar. No debemos de abusar del número de ellas y levantar siempre acta de lo que ha acontecido. ¿Pero cómo debemos enfocarlas para que tengan éxito?.

            La hora en la que la convoquemos debe de adaptarse al horario de las familias no al del maestro/a. Si la mayoría de los/as padres/madres trabajan fuera de casa es absurdo realizar una reunión al finalizar la sesión matinal o vespertina. Lo mismo sucede con las entrevistas personales.

            En las  reuniones debemos de explicar clara y concisamente lo que se hace en la escuela y elaborar un pequeño resumen de lo que se va a tratar para entregarlo después tanto a las familias que han asistido como a las que no. También, deben realizarse sin la presencia directa de los/as alumnos/as si lo que vamos a tratar tiene que ver con el proyecto educativo y el conocimiento del funcionamiento de la escuela o el aula.

            Para que las reuniones no resulten aburridas y desanimen la asistencia a otras posteriores nos podemos ayudar de material audiovisual como: transparencias, videos, diapositivas, fotografías, etc.; y así conseguiremos que sean más entretenidas. No olvidemos que la mayoría de los/as padres/madres desconocen el sistema educativo y todo lo que conlleva, lo que no significa que no estén dispuestos a participar en él.

            Lo que no hay que olvidar “nunca” es que en estas reuniones se reciba con afecto y de un modo distendido a los/as padres/madres y que en ellas se fijen normas y no se ofrezca más de lo que se puede dar. Ejemplo: “Puede venir a hablar conmigo a cualquier hora”, “Puede traer al niño/a a la hora que salga del médico”, etc.

            A las familias se les debe pedir su participación y ayuda en rincones y talleres, actividades lúdicas, tertulias, trobades, etc.; aunque también es importante generar escenarios escolares y situaciones variadas para que las diversas casuísticas familiares puedan tener cabida y así no restringir tal participación a los padres y madres, teniendo en cuenta que en muchas familias otros miembros también pueden participar como es el caso de los/as abuelos/as.

            Os puedo asegurar que una vez participan en la vida del centro o del aula se siente una gran satisfacción que se contagia entre los/as maestros/as y entre los/as padres/madres y se oyen comentarios del tipo:

q       “Ahora comprendo por qué le gusta tanto venir al colegio a mi hijo/a”.

q       “Menuda diferencia entre la escuela de antes y la de ahora”.

q       “Ahora me doy cuenta de que jugar no es pasar el rato. Jugando aprenden mucho”.

q       “Cuanto trabajo realizan los/as maestros/as que no se ve”.

q       “Cuanta paciencia hay que tener”.


Me gustaría concluir animando al profesorado en general y al de Educación Infantil en particular a que reflexione sobre lo expuesto y que sea cual sea el tipo de centro – aula en el que trabaje debe realizar un esfuerzo consciente por crear cauces entre el centro – aula y el hogar y la familia por el que intercambiar información en ambos sentidos, de manera que entre los dos mundos exista la máxima relación.

      Si se encuentra la forma de que las/os madres/padres se impliquen se ampliarán los recursos, las habilidades, las relaciones y se generará una gran complicidad que hará que avancemos juntos en el mundo educativo y que los grandes beneficiarios serán nuestros/as alumnos/as.

  

Fco. Antonio Sevilla Golfe.