Niños mayores que mojan la cama

El 8% de los niños de entre 3 y 12 años se orinan en la cama por la noche. Este problema, que en general no tiene mayor importancia, se conoce como enuresis nocturna. Para su tratamiento, el apoyo familiar resulta fundamental. Vivirlo con temor, avergonzar al niño o reñirlo acaba provocándole inseguridades y miedos que sólo empeoran la situación. Naturalidad, motivación y constancia contribuyen a solucionar un trastorno mucho más frecuente de lo que muchos padres con hijos enuréticos creen.

A partir de los tres años se considera que el niño ya es capaz de controlar el pipí incluso durante la noche. Sin embargo, cerca de una cuarta parte de los niños mayores de tres años y menores de cinco sufren enuresis nocturna, el término médico para denominar la falta de control de la micción durante el sueño. Hasta los 12 años, todavía hay un 8 % que moja la cama. "Es más frecuente de lo que muchos padres creen antes de venir a la consulta", afirma Santiago García-Tornel, pediatra del hospital San Joan de Déu de Barcelona, que busca  famosos españoles que se hicieron pipí en la cama para que lo cuenten. Quiere recoger su testimonio en un libro divulgativo que desmonte los prejuicios y los tabúes en torno a este trastorno.

 

"El secretismo persiste poque aún se relaciona con trastornos psicológicos, y no es así. La enuresis primaria muy pocas veces tiene que ver con trastornos psicológicos", explica el especialista. Por enuresis primaria se entiende la del niño que nunca ha tenido un periodo seco. Es diferente a la enuresis secundaria, que afecta a niños que vuelven a mojar la cama tras haber dejado de hacerlo durante al menos seis meses.


Destruir mitos

Muchos padres aún llevan a sus hijos directamente al psicólogo. "Es el pediatra quien debe explorar y determinar la causa. El típico niño enurético suele estar sano, sin problemas físicos ni psicológicos. Pero si no se lleva bien y no se tratan las causas reales, aparecen inseguridades, haciendo que el problema persista o se agrave", explica García-Tonel. La ansiedad o el estrés pocas veces desencadenan el problema. En cambio, "la misma enuresis puede acabar provocando una baja autoestima, depresión, malestar familiar y aislamiento social, especialmente acusado en los niños mayores de 10 años, que cuando acaban el tratamiento aún tardan en recuperar la autoestima", explica.

Para dormir durante ocho o nueve horas sin necesidad de ir al lavabo existen una serie de mecanismos corporales de regulación y de aviso. El niño puede hacerse pis de noche porque tiene un sueño demasiado profundo. También puede deberse a que su vejiga sea aún demasiado pequeña o hiperactiva (se contrae facilmente al llenarse de orina). En algunos casos, se encuentra alterado el circuito nervioso que avisa al cerebro cuando la vejiga está llena y que hace que nos despertemos.

Otra causa frecuente es la desregulación de la hormona antidiurética, que se encarga de regular la concentración de orina en los riñones durante la noche. También puede tratarse de un efecto secundario asociado a otras patologías. Por ejemplo, el 3,4 % de los niños enuréticos padecen trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), explica García-Tornel. Sin embargo, no hay que confundir la enuresis con la incontinencia que pueden sufrir niños con otras patologías graves.

El papel de los padres es clave. Se trata de un trastorno hereditario. En el 40 % de los casos, uno de los padres ha sido enurético, aunque muy pocos se lo explican al médico que trata s su hijo. Si lo han sido ambos la probabilidad aumenta hasta entre el 70 % y el 77%.

Hábitos y motivación.

"Como si fueras un deportista, yo seré tu entrenador. Te diré lo que tienes que hacer para ganar, pero tú eres quien debe entrenarse y seguir mis recomendaciones", explica García-Tornel a sus pequeños pacientes. En el tratamiento de la enuresis se tratan los hábitos y la motivación del niño para que consiga despertarse e ir al baño sin mojar la cama. Incluso se le invita a llevar un calendario en el que apunta sus noches secas y mojadas. "Todo ello en un clima de cooperación para mantener e incluso aumentar su autoestima", explica García-Tornel.

Cuando se detecta una producción anormal de la hormona diurética, se administra desmopresina. Si el niño tiene una vejiga hiperactiva, se emplean anticolinérgicos para mantenerla en reposo. También pueden utilizarse alarmas para despertarlo cuando empieza a mojarse. García-Tornel desaconseja el uso de antidepresivos tricíclicos, ya que pueden provocar arritmias cardiacas. Además al dejar de tormarlos la mayoría de las veces vuelve el problema.

Algunos consejos prácticos

  • -Evitar los castigos y los enfados al descubrir que el niño ha mojado la cama una noche más.
  • -Potenciar las felicitaciones y las recompensas cuando amanece sin haberse hecho pipí.
  • -Procurar que no tome líquidos después de la cena, antes de irse a dormir.
  • -Durante el día, pedir al niño que haga pipí cada tres o cuatro horas.
  • -Hacer que el niño apunte cada día en un calendario las noches que ha mojado la cama y las que no.
  • -Nunca poner etiquetas, por ejemplo decirle "eres un meón".
  • -Nunca avergonzarlo, ni ante sus amigos ni ante otros adultos.
  • -No crearle inseguridad. Por el contrario, potenciar su autoestima.
  • -Que haga su propia cama. Dejarle a mano un juego de sábanas limpio para que él mismo pueda cambiarlo cuando se haga pipí.